El rostro de la felicidad en México

“Venimos al mundo para ser felices ”

Mi madre

La llegada del obradorato se asemeja a un proxeneta o a un jefe de familia colérico, celoso, que busca hacer infelices a quienes lo rodean; disfruta explotarlos, vivir de ellos sin aportar nada, vejarlos, manteniéndolos rehenes en su casa producto de su resentimiento social ¿Dónde está la felicidad prometida? No hay tal, desde Palenque llegó la desgracia, la infelicidad de México. 

Cuando la información es directa, simple, franca, resulta más fácil entenderla. En una analogía válida, el pretendiente trata con amor, con frases amorosas, etc., hasta alcanzar su cometido. Habiéndolo conseguido, regresa a su verdadera personalidad, siempre insegura, parasitaria y autoritaria, influyendo terror en su familia, derrochando los recursos de su pareja, mantenido a su familia enclaustrada; así llegó López Obrador, que mantiene sometidos a millones de mexicanos. 

Basta observar el rictus de cada persona entender su enojo con la vida, con el prójimo, pero sobre todo su infelicidad. La esperanza desapareció de sus ojos, sus sueños, anhelos se vinieron por tierra, cuando les dijeron que los ricos, los que estudiaban, sus vecinos, incluso sus familiares que progresaban eran sus enemigos, y responsables de su desgracia, de su pobreza, de su infelicidad.

Montesquieu el político y escritor francés escribió: “Queremos ser más felices que los demás, y eso es dificilísimo, porque siempre les imaginamos mucho más felices de lo que son en realidad”. De ahí nació la frustración, el resentimiento social de quien se erigió como el mesías, el salvador de México, cuando en realidad no tuvo una buena cuna, sino una familia inmersa en la tragedia, que en ningún momento de su vida conoció la felicidad, sólo muerte, envidia, rencor y odio por los demás.

Seamos felices a pesar de Morena