El gobierno que no sabe generar, pero sí sabe quitar
“El pueblo me silba, pero yo me aplaudo
”
Horacio
Por Carlos Pavón Campos.- Algo nos ha quedado claro: los porcentajes, las cifras, los datos duros y, sobre todo, los datos reales, no son el fuerte de la 4T. A pesar de que los mexicanos hemos sentido que todos los productos, sean o no de la canasta básica, han subido su precio de manera grosera, el gobierno y sus "geniales" economistas han decidido decir que no, que el índice inflacionario en la primera quincena de mayo es de 4.11%. Para pronto: ellos, desde sus oficinas, calculan que eso es lo que han incrementado los productos y servicios.
No se han dado cuenta de que la verdadera inflación está invitada a comer a la mesa de todas las familias de México desde finales de 2021; y es que, desde hace cinco años, el incremento en los precios ha tenido un alza constante. Dicen que la inflación cede, pero los precios de la papa, del jitomate, del gas y de la luz siguen en ascenso. Lo que tampoco cede es el hambre de los mexicanos; a lo mejor por ello, en todo el sexenio de López Obrador, nos dijeron que deberíamos vivir con lo mínimo, con lo justo: nos estaban preparando para esto.
El fenómeno económico arrastró a todo el país, no solo a Zacatecas. Y aunque nuestros gobernantes quieran voltear a ver a otro lado, la realidad nada la detiene. Se sabe que, durante el primer trimestre de 2026, la economía no solo no creció, sino que se contrajo un 0.6%, y esto nos llevó a otra categoría: la estanflación, que no es otra cosa que el dinero —ese que nos cuesta tanto trabajo ganar— perdiendo su valor ya que todo se encarece y la economía tampoco crece. Antes comprabas con cien pesos lo que hoy te cuesta 150 pesos.
El estancamiento de una economía no es una fatalidad del destino, sino que es consecuencia de una débil y mala gestión administrativa que prioriza el control político sobre la inversión productiva. Vivimos en desigualdad, por no decir en desgracia, y es que, por un lado, no hay crecimiento económico, pero lo que siempre ha existido con las y los legisladores de la 4T es voluntad para recortar los beneficios legítimos de los trabajadores.
De esto casi nadie habla, pero los que me conocen saben que no nací ni mudo ni sordo. Por otro lado, sé el gran compromiso que tengo con mis compañeras y compañeros mineros: mientras los demás seudolíderes sindicales se dedican a tomarse fotos y prácticamente a hacerse los que la Virgen les habla, nosotros no.
A los trabajadores no solo nuestro salario se lo ha comido la inflación; en los últimos cinco años se calcula que hemos perdido el 30 por ciento de su valor solo por este índice. Pero la cosa no para ahí: también pagamos impuestos y estos llegan a alcanzar, en algunos casos, hasta el 30 por ciento de nuestros ingresos solo por trabajar. Porque también es bien sabido que, con lo que pagamos, no nos dan nada: no hay buenos servicios, las carreteras están llenas de baches y, no nos vayamos tan lejos, a veces ni aspirinas alcanzamos en el Seguro Social, y miren que sí nos sale caro.
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