El verdadero rival de México

“Puede ser un héroe lo mismo el que triunfa que el que sucumbe, pero jamás el que abandona el combate ”

Thomas Carlyle

Por Carlos Pavón Campos.- Fueron grandes juegos y fuimos un gran rival. La Selección Mexicana entregó cuerpo, alma y corazón, pero, como ocurre después de cada eliminación, comenzaron los análisis, las críticas y las exigencias. Se cuestiona a todo mundo: al entrenador, a los jugadores, a los directivos, y se piensa en el futuro. Hablando de futbol, perder tiene consecuencias y la afición no perdona la falta de resultados.

Pero mientras millones de mexicanos discutían la eliminación del Tricolor, otro partido, mucho más importante, sigue jugándose todos los días y ese parece no despertar la misma indignación. Nos referimos al juego de la política y al encuentro contra la corrupción, la impunidad, la ineficiencia y el abuso del poder.

La diferencia y la injusticia son enormes. A los futbolistas les exigimos resultados cada vez que juegan y nos representan. No cobran ni un solo peso de nuestros impuestos; si no van a una práctica, se sabe y son criticados. Ah, pero no se trate de políticos, senadores o diputados, porque a ellos les permitimos seis años de promesas, discursos y justificaciones. Evidentemente se comen nuestros impuestos, faltan cuando quieren y, aun así, siguen cobrando. Y lo más cínico es que, no importa el papel que hagan, si son apoyados por su partido se vuelven a postular para ocupar el mismo u otro cargo.

Desafortunadamente, el caso de la Selección no es aislado. Lo mismo pasa cuando algún mexicano logra ir a unos Juegos Olímpicos, por supuesto, sin apoyo gubernamental. Es criticado hasta por su vestimenta. Esto no solo habla del lugar privilegiado de los políticos mexicanos, sino también de la sociedad. El 64 por ciento de los mexicanos se considera aficionado al futbol, mientras que, en la política, casi el 60 por ciento reconoce que le interesa poco o nada. Por ello, el nivel de exigencia hacia los primeros.

Lo que sucedió con la Selección Mexicana, la unidad y la hermandad demostradas por la sociedad, debería contagiarse también al análisis político y a la exigencia hacia nuestros gobernantes. Es momento de ponerle pasión, pero al futuro del país; de gritar, pero cada vez que no estemos de acuerdo con alguna reforma. Nos debería indignar que, de 180 países calificados en materia de corrupción, México ocupe el lugar 140 y nadie diga nada.

Empecemos a jugar al futbol también en la política. Y es que, mientras en el futbol al técnico que no da resultados lo cambian con apenas algunos partidos jugados, a los políticos los dejamos acabar su periodo sin ninguna penalización.

Si exigimos entrega absoluta a once jugadores durante 90 minutos, con mucha más razón deberemos exigir honestidad, eficiencia y rendición de cuentas a quienes aseguran que nos representan políticamente. Pues con mucha más razón deberíamos exigir eso y más a todas y todos los políticos, a quienes les pagamos altísimos salarios, a quienes llenamos de privilegios, a quienes nos mienten en la cara y a quienes viven entre la impunidad y el enriquecimiento ilícito.

Ahora que acabó la fiebre por los triunfos de la Selección Mexicana, deberemos despertar a la realidad. Debemos aprender de esos muchachos que hicieron equipo, que unieron al país, que acabaron con las polarizaciones que tanto han impuesto los morenos. Estos chicos nos regresaron un poco de ilusión y nos dieron un fuerte golpe de realidad; nos permitieron darnos cuenta de que vale la pena luchar por este gran país y recordarnos que México merece más.