Candidatos vendedores de promesas

“Si me engañas una vez, tuya es la culpa; si me engañas dos, es mía ”

Anaxágoras

Por Carlos Pavón Campos.- Bien facilito que la tienen los cientos de suspirantes a las gubernaturas que estarán en juego en 2027, y lo digo porque, por donde le veamos, hay mucho o todo por hacer. Y eso no quiere decir que lo puedan o quieran resolver, sino que, como siempre, prometerán hasta la paz mundial, aunque sabemos que de eso muy poco se cumplirá.

​Para darnos una idea, calculan que cada candidato hace en campaña entre 300 y 500 promesas formales, pero de esas únicamente cumplen entre el 30 y el 45 por ciento; es decir, si bien nos va, cumplen 4 de cada 10 promesas. Sin duda, dejan una deuda grande.

​Esto sucede porque ¡cómo les gusta hacer honor al dicho de "prometer no empobrece"! Y así le hacen, porque lejos de prepararse para hacer alcanzables sus afirmaciones, lejos de informarse sobre los presupuestos, no más abren la boca y dicen lo que se les ocurre.

​Una candidata en Nuevo León prometió que la cerveza sería más barata, cosa que no cumplió, y es que la línea entre el populismo desmedido y la ignorancia va de la mano. 

Otra de las promesas que más se escuchan es la construcción de Metrobús o trenes subterráneos en municipios donde no alcanza ni para pavimentar. Y para rematar, ¿quién puede olvidar una de las más grandes promesas que en cosa de años se convirtió en una de las más grandes mentiras de las administraciones morenistas?: "El sistema de salud público de México es igual de bueno que el de Dinamarca".

​Insisto, hemos escuchado de todo: que bajaría la luz, la gasolina, el gas, o que la corrupción se resolvería como por arte de magia o por decreto.

​Resulta que la mayor parte de las promesas no se cumplen porque el presupuesto ya está comprometido en gastos corrientes como la nómina, los servicios y la deuda, entre otros; así que las promesas que tanto hicieron, como las obras de infraestructura y los programas sociales, se quedan sin dinero y la promesa pasa al olvido.

​Otra de las razones por las que prometen y prometen y nada, es la ideología política: cuando el candidato no lleva la misma línea política que el Gobierno central, el recurso casualmente tarda en llegar o simplemente le cierran la llave.

El problema de México y la condena para los mexicanos es que las y los candidatos pueden prometer lo que quieran y nada sucede, no hay sanción electoral o multa,  solo el castigo del electorado y eso han demostrado les importa poco porque hay más dinero para campañas que honestidad. 

​El verdadero drama no es que nos mientan con tanto descaro; el verdadero drama es que el sistema está diseñado para que la mentira sea el negocio más rentable de la política. Mientras prometer no cueste un solo peso y el costo del incumplimiento lo siga pagando la gente con calles destruidas, hospitales sin medicamentos y promesas rotas, la democracia en México seguirá siendo eso: un desfile de mercaderes vendiendo espejitos a precio de oro.