Curules vacías y compromisos rotos: así nuestros legisladores
“Nada va bien en un sistema político en el que las palabras contradicen a los hechos
”
Napoleón Bonaparte
Por Carlos Pavón Campos.- Ya no tienen ni tantita vergüenza. Es verdaderamente indignante ver cómo el Congreso de la Unión se convierte, puntualmente y sin excepción, en una sala de espera para el siguiente cargo público. Mientras el país se debate entre la falta de medicamentos y la pobreza laboral, a nuestros representantes populares lo único que les quita el sueño es amarrar la próxima candidatura para no salir jamás del presupuesto.
Las cifras retratan el cinismo. En apenas unas cuantas semanas se desató la desbandada: más de una treintena de legisladores federales —entre senadores y diputados— solicitaron licencia para aventarse a la carrera electoral y buscar gubernaturas u otros puestos. De golpe, una treintena de curules y escaños quedaron botados. Y esto apenas es el inicio de la estampida habitual, donde decenas más terminan abandonando el encargo antes de tiempo.
¿Y todo lo que prometieron? Y más bien, ¿todo lo que no han cumplido? Pues ya no se acuerdan. ¿Con qué cara? Cuando andaban en campaña no había colonia que no caminaran, cosa que no prometieran, ni mano que no apretaran. Prometieron de todo con una mano en el pecho y la sonrisa ensayada. ¿Y qué entregaron al final? Puros pendientes, dictámenes en la congeladora, rezago legislativo y promesas rotas; digamos, lo normal.
Gastan una infinidad en bardas, y gastan tiempo y dinero en precampañas y encuestas internas. Para ellos, la representación popular no es una responsabilidad cívica; es un simple trampolín, un negocio familiar o una franquicia partidista.
En una mina, en un taller o en cualquier fábrica, si tú dejas tirado el trabajo a mitad de la jornada te corren y no tienes derecho a liquidación. A nadie se le premia la irresponsabilidad ni el abandono del puesto. Pero en la política mexicana la lógica es al revés: dejan el trabajo a medias y exigen que la gente vuelva a aplaudirles y a votar por ellos.
El voto ciudadano no es un cheque en blanco ni una escalera para trepadores. Si no tuvieron la capacidad, la seriedad ni la decencia de terminar el encargo que la gente les confió, no tienen ningún derecho a pedir otra oportunidad. El pueblo trabajador ya está harto de mantener a chapulines que solo saben prometer en campaña y cobrar sin cumplir.
Quien bota la chamba a medio camino, que tenga un poco de dignidad, se vaya a su casa y deje de engañar para estar en la boleta.
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